“No me da la vida”. “No puedo conciliar”. “Las tecnologías no son para mí”. “No se puede delegar en nadie”.
Las escucho en las conversaciones de casa y las escucho en los comités de dirección.
¿Cuántas veces las has escuchado? ¿Cuántas veces las has dicho? Si hiciera un estudio Harvard, confirmaría mi teoría “estimativa”: quien pronuncia una de estas frases acaba pronunciando todas las demás. Y no es casualidad. Las cuatro nacen del mismo diálogo interior.
Hace unos días, en unas jornadas de mujeres rurales, la conversación saltó de la CONCILIACIÓN a la inteligencia artificial casi sin darnos cuenta. Dos temas que parecían no tener nada que ver. Hoy quiero unirlos aquí, en un binomio que me parece imprescindible: METAGESTIÓN & IA.
Dos mundos que se necesitan
Por un lado, están los conceptos humanos: PROPÓSITO, TIEMPO, DECISIÓN.
Por el otro, los conceptos tecnológicos: EFICIENCIA, AUTOMATIZACIÓN, EJECUCIÓN.
Y entre ambos, un puente: la EFICACIA.
Durante años nos ha costado saber si son mundos separados, si están enfrentados o si se pueden integrar.
Pero detengamos la mirada en dos palabras que usamos casi como sinónimos.
La EFICACIA, entendida como lograr el resultado que de verdad importa: el que se alinea con tu PROPÓSITO. No basta con hacer cosas, ni siquiera con hacerlas bien; hay que hacer las que te acercan a donde quieres llegar.
La EFICIENCIA, entendida como lograr ese resultado con el menor consumo posible de recursos: tiempo, energía y dinero.
La eficacia elige el camino, la eficiencia lo recorre con menos esfuerzo. Aquí está la clave. Una máquina puede ser tremendamente eficiente haciendo algo que no importa nada. Lo mismo le ocurre a una organización: puede tener procesos impecables al servicio de un objetivo equivocado. Saber qué importa, eso que convierte la eficiencia en eficacia, sigue siendo profundamente humano.
El diálogo que no queremos tener
Estoy leyendo “Piensa en colores”, de Lucía Miralles González, un libro fantástico y muy recomendable. Me detuve bastante en el capítulo sobre los DIÁLOGOS que todas las personas mantenemos en nuestra cabeza, y especialmente en uno: el diálogo con la muerte.
Y no, no es lo que imaginaba al principio. La muerte significa que la vida tiene un final. Y si la vida tiene un final, el TIEMPO es finito.
En física, el tiempo es la única magnitud que solo avanza en una dirección. Podemos volver sobre nuestros pasos en el espacio, pero nunca en el tiempo. Corre imparable, no se detiene, no se agranda, no se recupera.
Por eso no es una pregunta menor en qué lo invertimos. Es, probablemente, la pregunta.
Propósito, prioridad, renuncia
En METAGESTIÓN, el PROPÓSITO no está por casualidad. Es el eje que da sentido a todo lo que hacemos. Es la brújula que nos dice qué importa y, por tanto, cómo ser EFICACES.
Sin propósito no hay criterio. Y sin criterio, todo parece urgente, todo parece imprescindible, todo parece nuestro. Ahí nace el “no me da la vida”. No es que falte tiempo. Es que falta PRIORIDAD. Y en una empresa ocurre igual: sin un PROPÓSITO compartido, cada persona prioriza a su manera y el líder acaba decidiéndolo todo. Ya lo escribí hace años en 100 palabras: 6 – Prioridad.
Para mí, esta es la base de la CONCILIACIÓN: tener clara la prioridad para repartir el tiempo entre tus esferas (laboral, familiar, social y personal) y, desde ahí, tener la LIBERTAD de decidir.
Pero cuidado, porque toda decisión implica RENUNCIA. Elegir es, también, soltar. Y soltar requiere valentía.
Tú decides. Ella hace.
Y aquí entra la IA. Al principio impone respeto. Se han escrito ríos de tinta sobre ella. Pero si sales de ese bucle, te formas, te acercas a conocerla y la usas como cualquier otra herramienta, los temores disminuyen y desarrollas criterio.
Cuando la conoces, descubres algo que lo cambia todo: dispones de un colaborador muy inteligente en el que puedes delegar justo aquellas tareas en las que tú aportas menos valor. Redactar un primer borrador, ordenar información, resumir, preparar, repetir.
Piénsalo desde el Ciclo del Éxito de METAGESTIÓN: SOÑAR, PENSAR, DECIDIR, HACER.
SOÑAR y DECIDIR son profundamente humanos; ahí viven el PROPÓSITO y la EFICACIA, decidiendo el resultado que importa.
La IA te acompaña en el PENSAR, con datos y repreguntas, pero sobre todo es tu mejor aliada para el HACER: te ayuda a conseguirlo en menos tiempo y con menos esfuerzo, y eso es EFICIENCIA.
Curiosamente, las condiciones que describí hace años para delegar bien en una persona sirven también para delegar en la IA. Tienes que saber qué quieres conseguir y transmitir el “para qué”, no solo el “cómo”. Quien no tiene claro su propósito, tampoco sabrá delegar en la IA.
Para un líder, además, la IA no sustituye al equipo: los libera de lo repetitivo para que aporten lo que solo las PERSONAS pueden aportar.
El binomio completo
La tecnología nos devuelve TIEMPO. El propósito nos dice qué hacer con él. Una sin el otro se queda coja: eficiencia sin rumbo, o rumbo sin tiempo para recorrerlo.
Porque ganar tiempo no sirve de nada si no sabes a qué esfera dárselo. Y cuando la vida se acorte, que lo hará, lo que queremos sentir no es “fui muy eficiente”, sino “estoy satisfecha con mi vida”.
Y si a nivel personal es importante, cuánto más lo es si eres líder y de ti depende cómo se distribuye el tiempo de trabajo de todo tu equipo.
Así que te dejo unas preguntas para tu propio diálogo interior o si lo quieres compartir:
- ¿Qué tarea estáis haciendo hoy, tú o alguien de tu equipo, que podría hacer otra persona o la IA, mientras vosotros pensáis?
- Si mañana recuperaras dos horas a la semana, ¿a qué esfera se las darías? ¿Eres libre para decidirlo? ¿Lo es tu equipo?
Vamos!!! ????????
