29 abril, 2019 Isabel_MG

Aire: ¿Qué quieres oír?

Te ha pasado alguna vez, que cuando alguien te pide que le ayudes a tomar una decisión, le dices:

¿Qué quieres oír?

¿Crees que estás apoyando a esta persona si lo haces, o que estás escurriendo el bulto?

Conozco a una persona que le encantan los refranes y dichos populares, tan bien traídos en situaciones como éstas. Es muy divertida porque tiene refranes para todo, para la opción A y para la B, y lo mejor de todo es que si acierta a la primera con lo que quieres oír, sientes que te da seguridad en tu decisión. Por ejemplo:

  • Tengo mañana una reunión a primera hora ¿Crees que debo ir más temprano para prepararla, o llego justo para la hora, para no ponerme nerviosa?

Opción A: A quien madruga…Dios le ayuda

Opción B: No por mucho madrugar, amanece más temprano

  • Acabo de ver a mi jefe, me ha parecido que está enfadado…¿Crees que de debo preguntarle?

Opción A:La cara es el espejo del alma

Opción B: ¡Las apariencias engañan!

  • He visto una oferta de un trabajo que me encanta, ¿debo arriesgarme y cambiar o quedarme dónde estoy?

Opción A: Más vale pájaro en mano que ciento volando

Opción B: Quien no arriesga, no gana.

Cada vez estoy más convencida que no hay realmente opción buena ni otra mala, y que argumentos hay fantásticos para cada opción, he aquí la muestra con nuestros grandes refranes. Por ello creo que lo verdaderamente importante es que encontremos nuestros propios argumentos para nuestra opción.

Por ello cuando le pregunto a alguien, ¿qué quieres oir?, le estoy ayudando, le estoy dando la oportunidad de que se sincere consigo mismo porque, en cualquier caso, se trata de saber lo que uno quiere.

Los argumentos que se buscan con palabras, que provienen de pensamientos son tan maleables como los refranes que hemos visto. Los argumentos hay que sentirlos, hemos de buscarlos “buceando” en nuestro interior, han de ser argumentos impulsados desde tu identidad personal, desde tus valores, desde tus creencias… que emerjan.

Orientar a esa persona que te pregunta, a bucear, invitarle a que deje de mirar hacia el exterior, que tenga confianza en sí mismo, es tener RESPETO a esa persona, es trasmitirle que “ella es capaz”, es hacerle sentir fuerte, es impulsarla a tomar su decisión.

CAMBIAR, fundamentalmente es “tomar una decisión”; cuando queramos que alguien cambie no hemos de darles “nuestros argumentos”, aportemos mejor información,  datos objetivos sobre la opción A y la opción B,  y una vez hecho esto, tomemos distancia, démosle distancia a esta persona para que pueda tener la visión completa del universo que le hemos abierto, …y si nos pide consejo, le preguntamos ¿Qué quieres oír TU?

La victoria no es que las personas vayan donde tú quieres, sea como sea; cuando las personas no han encontrado sus propios argumentos a cada paso se irán parando, se irán frenando y gastarás mucha energía en mantenerlos en movimiento.

Sin embargo, aunque sólo te siga una persona, si ésta lo hace gracias a su propia decisión, no tendrás que gastar más energía en mantenerla rodando, es más, incluso cuando tú te pares, la seguridad y determinación de ella, es la que te impulsará, te orientará y te mantendrá en ese avance.

¡Cuántas reuniones interminables podemos eliminar de nuestra agenda!, ¡cuántas conversaciones de argumentación y contra argumentación podemos evitarnos!, cuánto tiempo y energía podemos aprovechar para otras cosas!

Cuando quieras que tu equipo CAMBIE, gasta tu tiempo y tu energía en generar información importante, desde diferentes perspectivas y comunícala desde el RESPETO y la CONFIANZA; anima a cada componente del equipo a que encuentre su propio argumento y tú MUÉVETE…

Si tú cambias, todo cambia. Vamos!!!

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